Recordando a Rafael Orozco

 

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Rafael Orozco

Este 11 de junio se cumplieron 21 años del magnicidio del ídolo de la música vallenata Rafael Orozco Maestre, célebre cantante y compositor, quien junto con el acordeonista y también autor musical Israel Romero Ospino, conformaron el aclamado grupo el Binomio de Oro.

A Rafael Orozco sus fieles seguidores no lo han olvidado jamás en estos 21 años. Su tumba en el cementerio Jardines del Recuerdo se mantiene rodeada de flores frescas de variados colores. No son solamente las que lleva su fiel esposa Clara Elena Cabello viuda de Orozco, sino las que en forma cotidiana llevan incontables admiradoras anónimas.

El éxito arrollador de la reciente telenovela del Canal Caracol es el fiel reflejo de lo que sigue significando para su fanaticada el desaparecido cantante. Su repertorio se escucha de manera cotidiana en las principales emisoras musicales del país. Y en México se mantienen varios de sus temas en los primeros lugares de sintonía.

El inolvidable intérprete nació en Becerril, Cesar, el 24 de marzo de 1954. Estudió en el colegio Loperena de Valledupar y desde temprana edad participó en cuanto concurso escolar de canto había en la región. De ahí nació una sana e inofensiva rivalidad musical con quien después sería su gran amigo y colega, Diomedes Díaz Maestre. Precisamente, la primera composición que le graban a Diomedes Díaz fue ‘Cariñito de mi vida’, incluida en el primer trabajo musical que grabó Rafael Orozco con el acordeonista Emilio Oviedo. Es en ese tema, en donde Orozco ‘bautiza’ a Diomedes Díaz como ‘El Cacique de La Junta’.

matrimonio de maya nueva

Rafael Orozco y Clara Elena (los primeros de la izquierda), Nira Figueroa de Sarmiento y Rafael Sarmiento Coley, Jainer Maestre Socarrás y Omaira ‘Maya’ Romero (en su noche de bodas) e Israel Romero y Esperanza Lafaurie de Romero.

El eterno amor de Rafael Orozco fue la hermosa urumitera Clara Elena Cabello. Fue amor a primera vista. Y para siempre. De esa unión nacieron: Kelly Johanna (quien hoy ejerce su profesión como administradora de empresas y negocios internacionales en Miami); Wendi (comunicadora social que adelanta en  Bogotá una especialización en Organización de Evento y Comunicación Organizacional), y Loraine (quien estudió negocios internacionales y trabaja con el Canal Caracol).

Caya

Clara Elena Cabello

Clara Elena, a quien Rafael siempre la llamó amorosamente con el diminutivo de ‘Caya’, viajó en estos días a Villanueva, a visitar a su progenitora. Luego vendrá a conmemorar una segunda misa – la primera fue el 11 de junio- por el alma de su finado esposo.

Realidad y ficción

Al momento de ser asesinado de nueve balazos de una pistola marca ‘Heckler & Koch’, Rafael Orozco tenía 38 años y acababa de regresar de una larga gira musical por varios países, con escala final en Venezuela, en donde el Binomio de Oro era el grupo de moda.

A partir del homicidio salieron a relucir diversas hipótesis. La que siempre cobró más fuerza, incluso en los anales de la investigación que estuvo en manos del Fiscal del caso Luis Felipe Colmenares, fue la del ‘crimen pasional’. Según las investigaciones, el sicario al servicio de un grupo de narcotraficantes José Reynaldo Fiallo Jácome, alias ‘El Nano Fiallo’, se enamoró locamente de una hermosa joven barranquillera, madre soltera (había tenido una niña, fruto de un fracasado matrimonio con un joven que después sería congresista de la República). Fiallo, quien según los investigadores era, además de ‘traqueto’ adicto a la cocaína, enloqueció de amor e invertía dinero por montones, tanto en la novia esquiva como en  algunos de sus familiares.

Entonces empezaron a llegarle los amigos y compañeros de farras y ‘polvo blanco’ a envenenarle más el alma (a él que de por sí había nacido con el alma envenenada, porque de otra manera no hubiera sido un matón a sangre fría). Le decían que no gastara ‘pólvora en gallinazo’, pues, supuestamente, su amor platónico estaba ‘tragada del verrugas’, como apodaban entre Fiallo y sus amiguetes a Rafael Orozco.

A las nueve de la noche del 11 de junio de 1992, mientras Orozco presidía una sencilla fiesta de cumpleaños de una de sus hijas, dos músicos del conjunto de Diomedes Díaz – Alonso Ariza De la Hoz y Francisco Manuel Corena- se presentaron a la casa de la familia Orozco- Cabello. Llamaron a Rafael Orozco y éste salió a la puerta a atenderlos en la terraza. Le dijeron que Diomedes le mandaba a pedir un favor: que le prestara una guacharaca, caja y acordeón para una parrandita que dedicaría en su habitación a unos amigos en el hotel Royal. En ese instante apareció el carro de Fiallo con otros dos sicarios. Se bajaron y se escucharon seguidamente diez disparos. Nueve de los cuales dieron en el cuerpo de Orozco, quien quedó tendido en la terraza de su casa.

Al sentir los disparos, Caya salió y lo encontró aún con signos vitales. Corena y Ariza la ayudaron a embarcarlo en el carro de Clara Elena. Lo llevaron a la clínica del Caribe,  a donde llegó clínicamente muerto, según los galenos que lo atendieron.

Hubo conmoción en  Barranquilla, la región y el país. Su sepelio sería uno de los más concurridos y dolorosos que jamás se haya realizado en la ciudad.

Empezaron las investigaciones. Declararon los primeros testigos. Se adelantaron múltiples pesquisas y se ordenaron las primeras capturas. El Fiscal Colmenares ordenó la captura de Fiallo, pero el abogado defensor de éste, William Cabarcas Gómez, informó que a su poderdante lo habían asesinado de 20 tiros el 18 de noviembre de 1992 en una de las calles de Medellín. Lo habían matado junto con su compinche el también asesino a sueldo Sergio Adolfo González Torres, alias ‘Tato’.

En la pretina del pantalón de Fiallo fue encontrada la pistola marca ‘Heckler & Koch’. La misma con la cual habían asesinado a Rafael Orozco seis meses antes. Pero Fiallo no pudo ser condenado por el homicidio de Orozco porque el Fiscal determinó que el muerto encontrado en una calle de Medellín aparecía con una identidad distinta: ‘Jorge Alberto Gómez Benitez’, aunque más tarde, al ordenarse la revisión de las huellas dactilares, se confirmó que, en efecto, el acribillado en la capital antioqueña era el sicario Fiallo.

Otro caso extraño alrededor del homicidio de Orozco es que también en noviembre de 1992, tanto Francisco Manuel Corena como Alonso Ariza De la Hoz fueron sacados de sus respectivas viviendas una noche en una misteriosa camioneta. Jamás se supo de ellos. Nunca han aparecido vivos, ni muertos.

La muerte violenta de Rafael Orozco lo convirtió en un verdadero ídolo inolvidable. Todavía hay seguidoras suyas que van cada 11 de junio a cantar sus discos y derramar lágrimas de dolor sobre su tumba siempre florecida. Por Chachareros

3 Respuestas a “Recordando a Rafael Orozco”

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